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Buenos Aires, Argentina



Hay en vuestra figura un descaro bendito, una gracia tan peligrosa que hace perder el juicio al más prudente. ¡Oh, si el viento os rozara con la misma osadía con que mi mirada osa hacerlo, se alzaría una tormenta de suspiros!
No diré más, que la decencia se me escapa a cada palabra, pero creedme, gentil dama: no hay sermón, ni disciplina, ni mandato que me aparte del recuerdo de ese… prodigio anatómico, digno de ser festejado con guitarra, vino y verso malicioso.